Cuando preparas oposiciones y el corazón te late a mil

Cuando preparas oposiciones y el corazon te late a mil

Hay oposiciones que no se preparan solo con temarios. Hay exámenes que se presentan ante un tribunal… y otros que se presentan ante el propio linaje.

Álvaro tiene 29 años y prepara oposiciones a juez. Saca buenas notas. Estudia con disciplina. Pero cada vez que se acerca una prueba oral o simplemente la idea de que lo miren y lo valoren, el corazón se le dispara. No es el típico nerviosismo de oposiciones. Es algo más antiguo.

Aunque aprueba, no consigue sentir orgullo. Hay una voz interior que le dice: “No lo mereces”. “No es suficiente”. Esa voz no es suya. Es la de su padre.

Su padre lo perdió casi todo: la empresa, el prestigio, la dignidad. Vivió un conflicto judicial largo y humillante. Se deprimió y se volvió agresivo. Álvaro, de niño, vio caer al héroe. Sintió vergüenza de él… y al mismo tiempo una necesidad desesperada de que se levantara.

Cuando lo enviaron al internado, el mensaje fue claro: “Estás solo”. Buscó entonces padres sustitutos, pero más bien encontró malas compañías. Compañeros con los que salir sin vigilancia. Se metió en problemas, ambientes oscuros y tomó decisiones de las que después se culpó y avergonzó. No eran errores sino intentos de recuperar la fuerza y dirección que se habían roto en su casa.

Es un hombre verdaderamente brillante y capaz, pero vivía en constante alerta, se autoexigía y agotaba hasta el límite tratando de asegurar por todos los medios que él lo conseguiría y superaría todas las expectativas. Pasaba verdadera ansiedad y como consecuencia su capacidad de estudio menguaba. Por ello tenía miedo de no conseguirlo.

En el trabajo terapéutico no peleamos contra el miedo a las oposiciones. Vamos a la raíz detectando primero los excesos, como principal pista de la historia que hay debajo de su narrativa. Miramos juntos a ese padre herido y le devolvimos a Álvaro lo que le pertenece: la posibilidad de sostenerse sin demostrar nada. El derecho a hablar desde su verdad. Y así pudo empezar a relajarse sin miedo a no conseguir su plaza.

Fue hermoso ver brotar de nuevo su capacidad de decir “te quiero” sin que el pecho se le cierre.

Porque la vergüenza que sentía no era suya. Era una memoria del linaje que tenía que liberarse.

Álvaro ha obtenido su plaza. Qué alegría cuando me lo contó! Ahora, profundamente satisfecho, se ha abierto el camino, aprendiendo a ser el hombre que su padre no pudo ser.

Y cada vez que el corazón le late demasiado fuerte, ya puede decirse:

“Esto no es mío. Es una memoria que estoy atravesando por los dos, ya está hecho»

Si tú también preparas oposiciones y sientes que hay un miedo antiguo que se activa cada vez que te expones… si reconoces esa voz que te dice que no eres suficiente aunque los resultados digan lo contrario… puedes escribirme.

Con calma. Sin prisa.

raulmolina.es

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