terapia

Aquello que entrenas es lo que termina creciendo

Hay una idea muy sencilla, pero con una enorme profundidad:

La vida fortalece aquello que utilizas.

No necesariamente aquello que deseas. No aquello que echas de menos. No aquello que pides.

Aquello que utilizas.

Si quieres más energía, utiliza la energía que ya tienes.

Si quieres más fuerza, utiliza la fuerza que ya tienes.

Si quieres más confianza, da pasos con la confianza de la que dispones hoy, aunque sea pequeña.

No esperas a ser fuerte para empezar a entrenar. Precisamente entrenas para hacerte más fuerte.

Con la confianza sucede exactamente lo mismo.

Y con la paz también.

Muchas personas creen que primero tendrán que dejar de sentir miedo para poder vivir. Sin embargo, la experiencia suele mostrar justo lo contrario: empiezan a vivir con el miedo presente y, poco a poco, el miedo deja de ocupar el centro.

Este principio también aparece con mucha claridad en las personas que sufren pensamientos intrusivos.

Imagina a alguien que pasa una semana encontrándose bien. Vive tranquilo, trabaja, disfruta de su familia y apenas presta atención a esos pensamientos. Durante esos días, la vida sigue su curso.

Pero un día reaparece un pensamiento antiguo.

Entonces comienza a analizarlo, a comprobar si significa algo, a preguntarse por qué ha vuelto, a intentar quitárselo de la cabeza y a buscar la certeza de que nunca hará aquello que teme.

Sin darse cuenta, empieza a dedicarle tiempo, energía y atención.

Y cuanto más lo hace, más importante parece volverse ese pensamiento.

No porque sea verdadero.

Sino porque el cerebro aprende que merece toda esa atención.

Muchas veces esos pensamientos tienen raíces profundas.

Quizá durante años se fue formando una voz interior crítica, una voz que repite mensajes aprendidos mucho tiempo atrás: «No vales», «hay algo raro en ti», «algún día perderás el control».

Esa voz puede parecer muy convincente.

Pero que sea antigua no significa que sea cierta.

Es simplemente una forma de funcionamiento que el cerebro aprendió a repetir.

Y aquí vuelve a aparecer el mismo principio.

La mente también fortalece aquello que más utilizas.

Si entrenas comprobar constantemente si estás bien, cada vez sentirás más necesidad de comprobar.

Si entrenas discutir con los pensamientos, cada vez aparecerán más discusiones.

Si entrenas vigilarlos, el cerebro concluirá que son importantes y seguirá produciéndolos.

Pero existe otra posibilidad.

Utilizar los recursos que ya están presentes.

La capacidad de observar sin reaccionar.

La capacidad de seguir con tu vida aunque la mente haga ruido.

La capacidad de hablar con alguien, trabajar, pasear, reír, querer a tu familia o disfrutar de un café sin esperar a que todo esté perfecto.

Esos recursos ya existen.

No hay que fabricarlos.

Hay que utilizarlos.

Cada vez que eliges continuar con tu vida en lugar de obedecer al miedo, estás entrenando otra red distinta.

Cada vez que recuerdas que nunca has hecho aquello que temes y decides actuar según tus valores, estás fortaleciendo una parte de ti mucho más real que el pensamiento.

No estás esperando a que llegue la confianza.

Estás utilizando la confianza que ya tienes.

No estás esperando a sentirte completamente libre.

Estás utilizando la libertad que ya está disponible para dar el siguiente paso.

La recuperación no consiste en conseguir una mente completamente silenciosa.

Consiste en dejar de entrenar el miedo y empezar a entrenar la vida.

Porque aquello que utilizas es lo que termina creciendo.

Y, con el tiempo, aquello que más entrenas acaba convirtiéndose en tu forma natural de vivir.

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